jueves, 30 de septiembre de 2010

El nuevo desastre eclesiástico. Estado Neutral, 19 de abril de 2010.

Todo comenzó cuando el papa Benedicto XVI se vio envuelto por la ola de escándalos de pedofilia en la Iglesia Católica. Su encubrimiento a un sacerdote dio paso a una serie de declaraciones que empeoraron la situación. Una puñalada no sólo a los millones de católicos del mundo, sino a los más de 500 casos que salieron a la luz las últimas semanas.
Por Gabriela Infante.


Lamentablemente los casos de pedofilia en la iglesia son tema de cada año. Sin embargo los dardos apuntan a esta vez al mismísimo sumo pontífice Benedicto XVI. Una publicación del diario New York Times dejó entre ver las pruebas donde el papa años atrás firmó un traslado del sacerdote Lawrence C. Murphy, acusado de abusar contra al menos 200 niños. Esto sólo fue el inicio para una lluvia de declaraciones y otro amago de guerra de amplios sectores de la sociedad en contra la Iglesia Católica.

En medio del conflicto, el cardenal secretario del Vaticano, Tarcisio Bertone visitó nuestro país y con el fin de preguntarle acerca de la eterna discusión del término del celibato en los sacerdotes, declara: “me han dicho que el celibato no tiene que ver con la pedofilia, pero si la homosexualidad”. Fue inmediato el repudio de las minorías sexuales y el asombro de muchos sacerdotes quienes no explicaban sus declaraciones.

El término del celibato huele a naftalina. Una burda estrategia de marketing para opacar el plato de fondo, los abusos. Es difícil entender que en el siglo XXI, con un impresionante avance en políticas públicas a nivel mundial, la iglesia tenga el poder legal a su favor y la cosa sea tan sencilla como trasladar a cualquier parte del mundo a pederastas que continúan sin condena. Una bofetada a quienes lucharon durante años por limpiar su imagen medieval y transformarla una casa de acogida, un símbolo de paz mundial. Personajes como San Alberto Hurtado y Sor Teresa de Calcuta, sin duda quedarían cesantes en la iglesia de hoy.

La iglesia no sólo necesita una reestructuración en cuanto a sus estatutos, sino una reconciliación con el mundo entero. Quitar no sólo el estigma de ciertos sacerdotes, sino pedir un préstamo de humildad. Seguir siendo la santa sede de Dios en la Tierra y promover su paz, su ayuda con el prójimo y su infaltable mensaje de unión y esperanza, la que nos ha servido a tantos en el mundo entero y que últimamente se ha visto maltratada. Si el Vaticano se queda de brazos cruzados, los rumores hablan de una posible migración de Dios a un lugar desconocido. Por ahí por el 2012.

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