Nadie asume tener un verdadero problema de autoestima, aún así son contados quienes realmente se sienten cómodos física y psicológicamente. Lo podemos ver todos los días. Creo que a medida que me acerco a los 20 me he puesto más conservadora y más crítica con las actitudes de la gente de mi edad y aún más con las mías.
Más de una vez en mi vida de pingüina fui la otra sin saberlo en el debido momento, lo que provocaba finalmente llanto eterno tirada en mi cama durante toda la tarde con una inseparable barra de chocolate y mi mamá en la puerta preguntándome quién había sido el maldito desgraciado que me hizo sufrir y si bien me tocara a esta edad ese rol nuevamente, no causaría un show, pero si sería bastante penoso. Pero ¿qué pasa cuando uno está del otro lado?
Tener a más de una persona babeando por ti es la raja. Te sientes más bonita, más "codiciada" y hasta el pelo brilla más. Pero cuando llegas a la casa te das cuenta lo patética y vacía que pareces, las estupideces que eres capaz de hacer para sentirte mínimamente importante por alguien que seguro piensa en tí la mitad del tiempo de lo que tú piensas en cada uno de ellos.
Y volviendo al primer caso. ¿Y si eres una más? Llamamos a las amigas, a los ex, a las compañeras de curso y a las que te caen mal para contarles lo imbécil, perro, estúpido, patético, caliente y cerdo que es por dignarse a jugar con una. ¿Es eso jugar limpio?
Soy muy intolerante, pero me gustaría que a los veintitantos inmaduros y qué tanto exista más gente decidida a cambiar, a encontrarle el verdadero significado al Carpe Diem, que no sea vivir el día como si fuera el último de tu vida, sino vivirlo para construir un futuro sólido basado en valores de los que en alguna clase de religión deben haber enseñado. ¿De qué sirve entregar todo ahora cuando queda tanto? Nos hagamos lo que no nos gustaría que nos hicieran, amémonos todos y sobre todo respetémonos. Es mi mejor filosofía.
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